Sería plausible pensar que los rasgos personales más allá de las capacidades cognitivas podrían determinar el éxito en la vida y la escuela.
Todos nosotros hemos leído «La liebre y la tortuga» en la que la determinación, motivación y consistencia de la tortuga en el esfuerzo resultó en la superación del talento de la gran liebre. En otro famoso cuento llamado «La pequeña locomotora que si pudo», un tren pesado tenía que ser detenido sobre una gran colina. Finalmente, fue una pequeña locomotora que creyó poder tirar de ese gran tren sobre la montaña la que lo logró. «Creo que puedo» fue el mantra que esta pequeña locomotora repetía.
Probablemente, Thomas Edison tenía la misma mentalidad cuando soportó mil intentos fallidos antes de hacer la primera bombilla. En línea con este ejemplo, Walt Disney se declaró en bancarrota varias veces y fue despedido de un periódico porque el editor consideró que carecía de imaginación. Posteriormente, Walt Disney creó la mayor industria de animación de Estados Unidos que ha entretenido a millones de personas con sus ingeniosas historias. Otro de los ejemplos es Jack Ma, el fundador de Alibaba, la empresa china de venta online al por mayor más grande del mundo. Los fracasos de Jack Ma podrían haber desolado y hundido a cualquiera: suspendió el acceso a la universidad en tres ocasiones, no superó el exámen para convertirse en oficial de policía, la Universidad de Harvard rechazó hasta en diez ocasiones su solicitud de matriculación y para colmo, en un proceso de selección, fue el único no contratado por KFC de entre veinticinco candidatos.
Todos estos ejemplos nos muestran cómo los fracasos, los rechazos y las etiquetas no tienen que ver con la capacidad real de los seres humanos cuando creen que pueden lograrlo. Dweck (2012, p.614) señala que,
«El sello distintivo de la naturaleza humana es la gran capacidad de adaptación, cambio y crecimiento de cada persona» (p. 614).
Se pueden encontrar ejemplos en contextos educativos en los que las etiquetas, las apariencias e incluso las declaraciones médicas se contradicen. Es especialmente impactante el caso de Albert Einstein, quien fue considerado mentalmente lento por su maestro y retrasado por sus padres. De hecho, no comenzó a hablar y leer hasta que tuvo 4 y 7 años, respectivamente, bastante tarde en comparación con sus compañeros. Einstein tenía una mala reputación como estudiante y luchaba por encontrar un trabajo, sin embargo, se convirtió en uno de los médicos y científicos más importantes de todos los tiempos. Una situación similar fue experimentada por Les Brown, quien fue declarado «retrasado mental» en la escuela, lo que le causó una baja autoestima. Esto no fue suficiente para frenar su ferviente deseo por convertirse en un orador motivacional de renombre mundial capaz de alentar e inspirar la vida de millones de personas.
Todas estas experiencias muestran que más allá de la capacidad mental de una persona, hay un conjunto de habilidades personales que conducen a las personas a tener éxito en la vida. Curiosamente, esas habilidades conocidas como «habilidades metacognitivas» pasan desapercibidas y carecen de la atención necesaria durante el período educativo. Es importante recalcar que una educación que se enfoca únicamente en el desarrollo de la inteligencia y la adquisición de conocimiento es una educación deficiente e incompleta.

2 comentarios
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