En 1904, Charles Spearman postuló que la correlación positiva entre el desempeño de un estudiante en diferentes tareas cognitivas era el resultado de una habilidad mental común. Esta habilidad mental se llamó inteligencia general o factor g.
Para entender mejor esto de la inteligencia general (factor g) hagamos una comparación con el atletismo. Una persona puede ser un excepcional velocista pero eso no significa necesariamente que sea un buen jugador de fútbol. Sin embargo, debido a que es una persona atlética y en forma es probable que rinda mejor en tareas físicas que otra menos dotada físicamente y sedentaria.
Más tarde, Catell (1941) distinguió dos aspectos complementarios de la inteligencia general: la inteligencia fluida como la capacidad de identificar, razonar y resolver problemas e inteligencia cristalizada que implicaba el uso del propio conocimiento y la propia experiencia de una persona. La inteligencia general o factor g se miden a través de los tests de cociente intelectual (Binet, 1916). Ambas teorías han sido ampliamente aceptadas por la mayoría de los psicólogos.

En 1983, Howard Gardner ideó la Teoría de Inteligencias Múltiples (MI) que desafió las pruebas de CI tradicionales. Howard Gardner critica que la prueba de cociente intelectual se base principalmente en habilidades lingüísticas y matemáticas. Gardner considera la inteligencia como una construcción multifacética compuesta de diferentes tipos de inteligencias: lingüística, lógico-matemática, visual-espacial, musical, kinestésica corporal, intrapersonal, interpersonal y naturalista.
A continuación, exponemos algunas ventajas e inconvenientes de esta teoría:
INCONVENIENTES:
- La falta de instrumentos para medir las inteligencias imposibilita la validación de su teoría. De hecho, Gardner (2004, p.214) ha reconocido que difícilmente las inteligencias pudieran medirse con instrumentos verificables dado que su «paradigma básico choca con el de la psicometría». Allix (2000) afirma que este enfoque neurofilosófico no puede aceptarse como válido.
- Gardner negó la efectividad del test de cociente intelectual para predecir el éxito en el futuro y afirmó que «las pruebas de cociente de inteligencia tenían poca utilidad para predecir el éxito más allá de la escuela» Gardner (1983, p.3). Sin embargo, ello ha sido contradicho por la investigación (Ferris et al. 2001; Gottfredson’s, 2002; Kell and Lang, 2017). Estos estudios demuestran que factor g es un indicador fiable asociado a mayor salario y rendimiento laboral.
- La inteligencia intrapersonal, musical y especialmente kinestésica corporal tienen muy poca correlación (relación y correspondencia entre dos variables) con el factor g. Esto puede ser causado por la menor demanda cognitiva de estas inteligencias, que a su vez están influenciadas por factores sensoriales, motores o de personalidad. Este hecho sugiere «talentos» en vez de “inteligencias” como una forma más adecuada para nombrarlas (Viser et al. 2006).
- Gardner también ha intentado usar la neurociencia como una forma de validar su teoría afirmando que cada inteligencia tiene su propia ruta neuronal. Incluso Gardner (1999b, p.99) llegó a afirmar que «la teoría MI podría anularse si se descubriera que los circuitos de procesamiento neuronal para diferentes contenidos se comparten». Precisamente, Shearer y Karanian (2017) encontraron que la corteza frontal, la corteza temporal o la corteza cingulada siempre se activan independientemente de la inteligencia que se aplica.
- La Teoría de las Inteligencias Múltiples propone un enfoque educativo más flexible en el que el aprendizaje se basa en los intereses de los estudiantes. Sin embargo, este enfoque podría fomentar una especialización prematura con estudiantes que carecen de conocimiento en otros dominios trascendentales.
VENTAJAS:
- Esta teoría resulta atractiva para maestros y padres dado que implica una percepción más amplia sobre la diversidad del potencial humano. Para muchos estudiantes que pasan dificultades con matemáticas o lingüística, la teoría de las Inteligencias Múltiples representa un enfoque educativo alternativo al tradicional y ofrece a los estudiantes más posibilidades para desarrollar una gama más amplia de talentos y habilidades a través de un entorno más diverso y flexible (Daz-Lefebvre, 2004). Además, los padres también parecen mantener una opinión positiva sobre los conceptos de inteligencias múltiples y abogan por su implementación en el aula (Mettetal et al., 1997).
- Gardner (1999a) aboga por el uso de tareas y recursos que mantengan el entusiasmo y motivación en los estudiantes. Destaca la importancia del uso de proyectos como forma de evaluar a los alumnos. Esto permite poner al alumno en el centro del proceso de aprendizaje, permitiendo mayor trabajo en equipo, fomentando la toma de decisiones en el alumno y el desarrollo de habilidades prácticas más relacionadas con situaciones reales.
- Esta teoría ha dado buenos resultados en el aula, aunque esto podría haber sido causado casualmente a través de diferentes factores no relacionados con el enfoque de las Inteligencias Múltiples o debido a una mayor motivación y entusiasmo que desencadena una nueva práctica y marco de aprendizaje (Waterhouse, 2006).
Personalmente, me quedo con la idea de que la inteligencia va más allá de lo que miden los tradicionales test de inteligencia y abarca mucho más. Al mismo tiempo, echo en falta mayor rigor científico e instrumentos que puedan validar la teoría. Seguramente la inteligencia es un constructo de una complejidad y diversidad que va más allá nuestro entendimiento. Indudablemente, la Teoría de las Inteligencias Múltiples representada un halo de luz para muchos con habilidades o capacidades alejadas de las tradicionales. Sin embargo, no se puede asegurar que las inteligencias mencionadas por Gardner son todas las que existen, al igual que tampoco se puede demostrar que existan otras inteligencias. Además, pone en entredicho la diferencia entre talento e inteligencia. Del mismo modo, esta teoría marca un antes y un después, y el hecho de que no se haya podido validar no quiere decir que no lo haga en el futuro, aunque se antoja complicado.
Para terminar, teniendo en cuenta los pros y los contras, os lanzo esta reflexión: ¿Hasta qué punto deberíamos utilizar como eje educativo una teoría que carece de validez con algunas inteligencias con más que dudosa credibilidad para ser definidas como tal?
BIBLIOGRAFÍA
Binet, Alfred; Simon, Th. (1916). The development of intelligence in children: The Binet–Simon Scale. Publications of the Training School at Vineland New Jersey Department of Research No. 11. E. S. Kite (Trans.). Baltimore: Williams & Wilkins.
Cattell R. B. (1941). Some theoretical issues in adult intelligence testing [Abstract]. Psychol. Bull. 38, 592.
Daz-Lefebvre, R. (2004). Multiple intelligences, learning for understanding, and creative assessment: Some pieces to the puzzle of learning. Teachers College Record, 106, 49–57.
Ferris, G. R., Witt, L. A., & Hochwarter, W. A. (2001). Interaction of social skill and general mental ability on job performance and salary. Journal of Applied Psychology, 86(6), 1075-1082.
Gardner, H. (1983). Frames of mind: The theory of multiple intelligences. New York: Basic Books.
Gardner, H. (1999a). The disciplined mind: What all students should understand by Howard Gardner. New York: Simon & Schuster.
Gardner, H. (1999b). Intelligence reframed: Multiple intelligences for the 21st century. New York: Basic Books.
Gardner, H. (2004). Audiences for the theory of multiple intelligences. Teachers College Record, 106, 212–220.
Gottfredson, L. S. (2002). g: Highly general and highly practical. In R. J. Sternberg & E. L. .
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Mettetal, G., Jordan, C., & Harper, S. (1997). Attitudes toward a multiple intelligences curriculum. Journal of Educational Research, 91, 115–122.
Shearer, C. B., & Karanian, J. M. (2016). The neuroscience of intelligence: Empirical support for the theory of multiple intelligences? Trends in Neuroscience and Education, March 2017, Vol.6, pp.211-223.
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Visser, B. A., M. C. Ashton & P. A. Vernon (2006) Beyond g: Putting multiple intelligences theory to the test. Intelligence, 34, 487-502.
Waterhouse, L. (2006) Inadequate evidence for multiple intelligences, Mozart effect, and emotional intelligence theories. Educational Psychologist, 41, 247-255.
