La inteligencia es una construcción compleja que se expresa y manifiesta de muchas maneras. De hecho, Sir Ken Robinson, famoso autor, orador y asesor internacional en educación, afirmó durante una charla de TED en Monterey (California) que «la inteligencia es diversa, dinámica y única».
Los estudiantes enfrentan un sistema educativo que no se ajusta a las necesidades e intereses de muchos niños (Engel, 2011). Esto se traduce en altas tasas de abandono escolar y falta de motivación para cumplir los objetivos académicos (Unesco, 2012). Esto alimenta la necesidad de reformar un sistema educativo que debe adaptarse para despertar la curiosidad y la motivación de los estudiantes.
De ahí que, tal y como he mencionado en alguna otra ocasión, una educación que se enfoca únicamente en el desarrollo de la inteligencia y la adquisición de conocimientos es una educación deficiente e incompleta. Hoy en día, sabemos mucho más sobre cómo medir el cociente intelectual (CI) de forma precisa y fiable. Además, se sabe que CI predice salud, longevidad, rendimiento laboral y logros educativos (Gottfredson’s, 2002). Sin embargo, la pregunta es: ¿por qué algunos individuos logran más que otros con el mismo nivel de inteligencia? Dweck, Walton y Cohen (2011) parecen tener la respuesta cuando sugieren que las habilidades metacognitivas (también llamadas «habilidades no cognitivas») pueden importar incluso más que los factores cognitivos para el rendimiento académico de los estudiantes. Este término fue acuñado por Bowles y Gintis (1976) para considerar todos aquellos factores que no se miden en las pruebas cognitivas. Gutman y Schoon (2013) lo definen como:
«Un conjunto de actitudes, comportamientos y estrategias que se cree apuntalan el éxito en la escuela y en el trabajo» (p. 4).
Podemos distinguir distintos tipos de habilidades metacognitivas tales como: auto-percepciones, motivación, perseverancia, auto-control, estrategias, competencias sociales, resiliencia y creatividad.
Estos autores destacaron que las habilidades metacognitivas de los estudiantes deben tenerse en cuenta dentro del proceso de reforma educativa. Su idea está en línea con la declaración de Martin Luther King: «la función de la educación es enseñarle a uno a pensar intensamente y a pensar críticamente. Inteligencia más carácter, ese es el objetivo de la verdadera educación». Esta cita reclama la necesidad de integrar la formación del carácter dentro de la educación. Incluso el padre del examen de coeficiente de inteligencia, Alfred Binet (1909/1975), reconoció el potencial humano por el crecimiento y el desarrollo, así como la necesidad de algo más que la inteligencia a través de la siguiente afirmación:
«Unos pocos filósofos modernos … afirman que la inteligencia de un individuo es una cantidad fija que no se puede aumentar. Debemos protestar y reaccionar contra este brutal pesimismo … Con la práctica, el entrenamiento y, sobre todo, el método, logramos aumentar nuestra atención, nuestra memoria, nuestro juicio y, literalmente, llegar a ser más inteligentes de lo que éramos antes «(p.105-106).
Además de las habilidades metacognitivas, también es posible encontrar otros términos referidos a lo mismo tales como «habilidades no cognitivas», «factores de motivación» o «fuerza del carácter» para referirse al mismo concepto. Sin embargo, Conley (2013) considera más apropiado usar el término «habilidades metacognitivas» en lugar de habilidades no cognitivas argumentando que la persistencia frente a las dificultades, la superación de la frustración, la resiliencia y el establecimiento de objetivos específicos requiere e implica formas superiores de pensamiento y cognición.
Dentro del ámbito educativo, las habilidades metacognitivas están destinadas a considerar aquellas creencias, actitudes y atributos personales que influyen en el aprendizaje y los resultados académicos. Esta forma superior de pensar ha sido descuidada en la educación hasta ahora, sin embargo, la investigación está mostrando resultados prometedores que vinculan las habilidades metacognitivas con mejores resultados académicos (Heckman et al., 2006; Lleras, 2008; Romero et al. 2014).
Si queremos que nuestros hijos sean personas con una educación integral y completa, con la capacidad de fracasar y levantarse, de diferenciar lo que es importante y lo que no, de mantenerse motivados y determinados a conseguir sus objetivos, necesitamos introducir este tipo de habilidades en la educación. La buena noticia es que se han llevado a cabo intervenciones que demuestran cambios significativos en distintas habilidades metacognitivas. Ésto no solo tiene un impacto positivo a nivel académico sino en otras facetas de la vida.
BIBLIOGRAFÍA
Binet, A. (1975). Modern ideas about children. (S. Heisler, Trans.). Menlo Park, CA: Suzanne Heisler, Publisher. (Original work published 1909)
Bowles, S., Gintis, H., (1976). Schooling in Capitalist America. Basic Books, New York.
Conley, D. T. (January 22, 2013). Rethinking the notion of “noncognitive.” Education Week, 32(18), 20–21.
Dweck, C. S., Walton, G. M., & Cohen, G. L. (2011). Academic tenacity. White paper prepared for the Gates Foundation. Seattle, WA.
Engel S. (2011). Children’s Need to Know: Curiosity in Schools. Harvard Educational Review; 81(4):625–645.
Gottfredson, L. S. (2002). g: Highly general and highly practical. In R. J. Sternberg & E. L.
Gutman, L., & Schoon, I. (2013). The impact of non-cognitive skills on outcomes for young people. A literature review.
Heckman, J. J., Stixrud, J., & Urzua, S. (2006). The effects of cognitive and noncognitive abilities on labor market outcomes and social behavior. Journal of Labor Economics, 24(3), 411-482.
Romero, C., Master, A., Paunesku, D., Dweck, C. S., & Gross, J. J. (2014). Academic and emotional functioning in middle school: The role of implicit theories. Emotion, 14, 227–234.
UNESCO. (2012) ‘Opportunities lost: The impact of grade repetition and early school leaving’, Global Education Digest.
